Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poder presentarse decentes en la escena del mundo.
Bécquer - Prólogo a Rimas y leyendas

miércoles, 11 de noviembre de 2009

De Dios y su Aburrimiento

En su aburrimiento, Dios creó una fórmula tan compleja que ni el mismo pudiera resolver. Si Dios tuviera un lápiz, ese lapiz sería el Tiempo, intentando resolver el destino de todas las cosas.

¡Quien no fuera Dios! Sin deseos ni aspiraciones, tan absolutamente enfrascado en la maraña interminable de números que determinan el origen y el fin de todo.

Seguramente si Dios dejara de escribir un instante, si se alejara un momento y mirara la fórmula en perspectiva, se daría cuenta de su autoengaño y se suicidaría.

Por fortuna o por desgracia, las obsesiones son algo puramente humano. Un universo matematizado da lugar a una matriz de infinitas dimensiones. Un elemento matemático imposible de abarcar y de resolver en la práctica, pero con un inicio y un fin prefijados. Si tiro un lapiz al suelo se que va a caer. No puedo conocer exactamente como caerá por que eso depende de un número inabarcable de factores. Si estudio el terreno, el rozamiento del lapiz con el aire, las características de la superficie y el efecto de la gravedad me puedo acercar más a los detalles de su caída. Cuantos más detalles conozco, más puedo acertar en el destino de ese lapiz. Pero siempre habrá más detalles que tener en cuenta, un número infinito de detalles. Pero un número al fin y al cabo.

Lo que llamamos azar no es más que el resultado de un número inconmensurable de factores que llevan a un objeto a su destino. Desde esta perspectiva, toda idea de libre albedrío adquiere la consistencia de la mierda.

La mayoría de la Humanidad vive pensando que son libres por que es la única forma en la que se puede vivir. El Determinismo es una idea tan atroz que creer en ella me repugna infinitamente.

Envidio al que se cree sabio o iluminado por Dios, envidio su paz de espíritu. Cada pregunta solo lleva a más preguntas, lo que me lleva a pensar en la inutilidad del pensamiento.

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