buscando del espíritu la calma!
Jugáis con pociones de colores
¡caben un puñado en mi palma!
¡Oh, eruditos asesinos de sueños
no os dejaremos jamás
matar el alma!
Todos estos sentimientos
malditos, que corretean
en nuestra masa blanca
hacen lo que somos
¡nuestra alma!
Y no hay alquimia que cure
la tristeza sin arrastrar la alegría;
hacéis el imposible juego
de matar noche sin matar al día.

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