Todos vamos a morir. Una frase ya muy oida, ¿cierto?. Oída pero no escuchada. Creemos conocer la muerte pero no tenemos ni puta idea de ella.
Ahora que nosotros, oh "Primer Mundo", nos jactamos de liberarnos de los tabús sexuales nos queda el último y definitivo. Aceptar la Muerte. Es el último y el primer tabú. Un tabú tan insoportable que parió a todas las religiones. No puedo morir, tras la muerte caminaré por el Cielo (o me pondré moreno en el infierno).
Y ahora que las viejas religiones están palmándola en la cama, no falta el que piensa que cuando muera entrará dentro de algún ciclo místico de la vida. Como si me importara que mis compuestos quimicos acaben en la hierba.
¿Demoledor? ¿Catrastofista? ¿Como un adolescente en una crisis de ansiedad? Todo lo contrario. Después de tanto tiempo odiando a la vida me he dado cuenta de algo. La vida puede ser maravillosa. La vida tiene cosas hermosas que ofrecernos.
Pero si una persona anda postrada en la cama para toda su vida, joder, no intentes convencerlo de ello. Déjale decidir. Vivir y sobrellevarlo es una opción, pero no la única. Antes los curas eran los portavoces de la Verdad Absoluta. Hoy lo son los psiquiatras. Y francamente, no se cuales son peores.
Cuando alguien tiene el cuerpo enfermo y se ve incapacitado para disfrutar la vida, le hacen una película y mucha gente empatiza con él. Pero cuando lo que tiene enfermo es el "alma", la gente lo atiborra de pastillas, lo convierten en un muerto en vida y le dan ridículas charlas.
Muchas cosas se pueden discutir, pero ni hables de la muerte. No es aceptable. No es una opción. Tú libertad de pensar y expresarte sobre ello rebasa lo "socialmente admisible". Que una persona decida dejar el barco por voluntad propia es inadmisible en esta jodida sociedad que ensalza la vida sobre la felicidad, la libertad y la capacidad de decisión de uno mismo.
Piensa si puedes disfrutar tu vida. Piensa si merece la pena. Infórmate. Lee. Acepta la vida. Acepta la muerte. Date tiempo. Sopesa pros y contras. Y decide por tí mismo. No hay prisa.
La verdad puede salvar vidas. Y puede arruinar vidas. Pero es mejor que el maldito silencio de la ignorancia.
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